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martes, 5 de enero de 2010

La pobreza y la falta de libertad

"La mala alimentación y la carencia educativa, son dos lacras que terminan dándole carácter estructural a la pobreza e indigencia, porque quien tiene carencias alimentarias no consigue niveles mínimos de desarrollo para poder aprender, aunque vaya a la escuela" Nuestro país, que supo tener una voluminosa clase media, siempre vio a la pobreza como un dato. La clase media también vio a la pobreza como un dato y las únicas medidas en favor de los pobres han sido meramente asistencialistas. Con este accionar, no hemos hecho nada para que los pobres dejen de serlo, sino que los hemos mantenido con algún subsidio o ayuda alimentaria, pero no hubo medidas estructurales para atacar el problema de raíz. Si bien la pobreza podría ser descripta de varias maneras y sus orígenes discutirlos según signos ideológicos, lo cierto es que en la Argentina hace varias décadas que el gasto social viene creciendo pero también aumenta la cantidad de pobres y de indigentes. Para simplificar, en nuestro país la pobreza se mide en función de los niveles de ingresos, pero otro tipo de mediciones más estructurales se ocupan de las condiciones de vida, del hábitat, nivel de educación o acceso a la salud. La pobreza y la indigencia suelen venir acompañadas de componentes clásicos y muy peligrosos: la mala alimentación y la carencia educativa. Estas dos lacras son las que, en definitiva, terminan dándole carácter estructural a la pobreza e indigencia, porque quien tiene carencias alimentarias no consigue niveles mínimos de desarrollo para poder aprender, aunque vaya a la escuela. Y todos los que no van a la escuela, alimentados o no, no terminan reuniendo las condiciones mínimas necesarias para asegurarse una subsistencia digna y posibilidades de mejorar en si vida futura. Estos condicionantes, casi siempre, se transfiere a los hijos, con lo que se hace una bola de nieve de características peligrosas. Si no empezamos a funcionar como sociedad en serio, pronto aprenderemos cual es la carencia mayor de los pobres: la libertad. (Fuente: Rodolfo Cavagnaro, Economista – Revista La Bolsa, Bolsa de Comercio de Mendoza)