Escribe Juan Carlos Argüello
Hace 200 años, los revolucionarios pensaban una Argentina de grandeza. El festejo del Centenario encontró un país ampuloso que quería parecerse a las grandes capitales europeas, muy rico, pero manejado por una cúpula aristocrática y terrateniente, gobernando a través del fraude y con la mayoría empobrecida y sin derechos sociales ni condiciones de trabajo decentes.