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lunes, 22 de junio de 2015

Pobreza: un viaje al interior de la Argentina más postergada

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El tren hospital para chicos de la Fundación Alma recorrió Salta para atender a comunidades aisladas.
Un salto al vacío. Así se puede describir el hecho de animarse a subir al tren hospital pediátrico de la Fundación Alma durante dos semanas para llevar salud donde no hay médicos. Y, cuando están, de manera esporádica, hacen lo que pueden.


Poner la vida en pausa para ser voluntario en la necesidad más cruda es lo que eligieron hacer once profesionales -tres pediatras, dos odontólogos, un asistente social, una enfermera, una bioquímica y dos radiólogas- que conocieron los rostros más complejos de la pobreza. No sólo la que se materializa en el hambre y las casas de barro, sino la que se percibe en la falta de voluntad política, las deficiencias del sistema ferroviario, la ausencia de recursos en las áreas rurales y la carencia de horizontes para los pobladores. Es la pobreza que menos se ve, pero la que más lastima y alimenta desigualdades.
El 29 de mayo pasado, el tren salió de Retiro, atravesó Buenos Aires, Santa Fe, Chaco y Santiago del Estero para llegar finalmente a Salta. En el recorrido, hubo problemas por el estado de las vías que provocaron que el tren descarrilara y que el viaje se demorara tres días más. Así quedó en evidencia que no alcanza sólo con querer ayudar desde las ONG, como lo hace la Fundación Alma, sino que se requiere que el Estado esté presente. Como en Monte Quemado, en Santiago del Estero, donde el abandono se siente en el Hospital Regional del Norte Grande Francisco David, que fue inaugurado en 2007. O en General Pizarro, Salta, donde hay un único centro de salud que no es más que una salita sin un laboratorio, servicio de radiología o ginecología.
Poner la vida en pausa para ser voluntario en la necesidad más cruda es lo que eligieron hacer once profesionales que conocieron los rostros más complejos de la pobreza
En esta Argentina profunda - donde no existen las estadísticas ni los diagnósticos - las mujeres se mueren en el parto; los recién nacidos quedan con secuelas por mala praxis o porque no llegaron al hospital más cercano a cientos de kilómetros; existen enfermedades como tuberculosis, sífilis o Chagas; la violencia familiar y los abusos están presentes en todos los hogares y los chicos están desnutridos, tienen baja talla o son obesos por una mala alimentación.
La miseria golpea sin tregua. Y, sin embargo, los voluntarios pasan jornadas de doce horas dándole batalla. En la atención médica aparecen los conflictos domésticos, las infecciones, las caries, los parásitos, las lesiones en la piel y las diarreas.
Para la mayoría, es quizás la única atención médica del año porque no confían en el profesional del pueblo o porque tienen que caminar horas para llegar a un lugar donde no tienen ni siquiera medicamentos para suministrarles.
El Tren Alma atendió a 351 chicos en General Pizarro y a otros 260 en Coronel Mollinedo, en Salta. Con corazón y entrega, se hicieron controles, recetas y derivaciones a los hospitales para seguir tratamientos que difícilmente continúen por falta de recursos y tiempo. Cuando la prioridad es trabajar para comer, la salud pasa a un segundo plano.
Fuente: lanacion.com