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domingo, 14 de junio de 2015

Pobreza: del pudor a la mentira y el cinismo

Print Friendly and PDFTras los intentos de tapar el problema de la pobreza y la indigencia, la Presidenta desempolvó estadísticas del Indec tan viejas como falsas.


Con las indignantes frases de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, según las cuales prácticamente no habría pobres ni indigentes en la Argentina, el gobierno nacional ha pasado en pocos meses del pudor al cinismo. Sólo pueden interpretarse como un atropello a la razón y una falta de respeto a toda la ciudadanía los dichos de la primera mandataria, durante una reciente reunión de la Oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Roma, según los cualesla pobreza en nuestro país no llegaría al 5 por ciento y la indigencia sería de tan sólo el 1,27 por ciento.
Un par de meses atrás, el ministro de Economía, Axel Kicillof, había expresado públicamente que desconocía el número de pobres en la Argentina y que hablar sobre esa cuestión era "estigmatizante". Casi simultáneamente, el director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), Norberto Itzcovich, explicaba que era muy difícil medir la pobreza en el país, ya que existen unas 6000 formas distintas de calcularla, pese a lo cual el organismo a su cargo no difunde ninguna desde 2013. Detrás de la supuesta estigmatización mencionada por Kicillof no había otra intención que tapar un problema demasiado visible para los argentinos.
Esta estrategia de ocultamiento se explicaba también por una frase pronunciada no hace mucho por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en el sentido de que "el Estado no está para contar pobres" y por los argumentos esgrimidos por su antecesor, Jorge Capitanich, acerca de que la falta de difusión de los niveles de pobreza respondía a "problemas de empalme" del Indec tras la confección de un nuevo índice de precios.
Las inconsistentes explicaciones de los funcionarios, que no hacían más que revelar el pudor que les causaba hablar de una realidad que contradice el maravilloso relato del kirchnerismo, fueron suplidas por la vil mentira a la cual recurrió la Presidenta, nada menos que en un foro internacional, en el que quienes conocieran por lo menos un poco de la Argentina habrán sentido una profunda vergüenza ajena.
La mandataria argentina afirmó que gracias a la presencia del Estado se erradicó el hambre, obviando que en los últimos meses se han detectado no pocos casos de desnutrición infantil en el norte del país, al tiempo que dio cuenta de estadísticas sobre pobreza que serían la envidia de los países más desarrollados de Europa. Se basó en cifras del Indec que datan de diciembre de 2013, según las cuales apenas el 4,7% de los argentinos se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Esos números han sido refutados por basarse en datos de una canasta básica para una familia tipo absolutamente desactualizados. A tal punto que, según el organismo oficial, a un grupo familiar le bastaría con un ingreso de 788 pesos mensuales -26 pesos por día- para acceder a la canasta básica alimentaria y no caer en la indigencia, y con una entrada mensual de 1783 pesos para no ser considerada pobre. Tales cifras distan notablemente de las estimadas en aquel entonces por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). Según este instituto, una familia tipo requería en 2013 entre 1906 y 1982 pesos para acceder a la canasta básica alimentaria, y entre 3964 y 4142 pesos para tener acceso a la canasta básica total y no caer por debajo de la línea de pobreza. De acuerdo con estos números, la UCA estableció el nivel de pobreza hacia ese año en alrededor del 27%, en tanto que la indigencia superaría el 5%.
Estudios más recientes, como el de la organización FIEL, dan cuenta de que, en mayo pasado, una familia con dos hijos habría necesitado un ingreso superior a 3323 pesos para no vivir en la indigencia y mayor a 6154 para no ser considerada pobre.
La desfachatez de las estadísticas mencionadas por la Presidenta llega al colmo si se comparan los números oficiales de pobreza en la Argentina con los de aquellos países con mayor nivel de desarrollo humano, que se encuentran en la base de datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). De acuerdo con este banco de cifras, Dinamarca figura con el 6% de pobres; Finlandia, con el 7,5%; Noruega, con el 7,7%, y Suiza, con el 10,2%, de acuerdo con las últimas estadísticas disponibles. En esta misma línea, el jefe de Gabinete se enfrascó en una discusión absurda por donde se la mire, cuando afirmó que en la Argentina hay menos pobreza que en Alemania.
Cuando Fernández afirmó que "no hay que ser un genio ni un espía alemán" para expresar que en Alemania la pobreza es del 20%, no tomó en cuenta cómo se calcula ese índice. En ese país europeo, que es la cuarta economía del mundo y el sexto país ubicado en el índice de desarrollo humano de la ONU, con una inflación que no llega al 1% anual, se puede considerar pobre a aquel grupo familiar que tiene ingresos inferiores al 60% de la media de ese país, equivalente a unos 1848 euros.
En rigor, según la Oficina Europea Estadística (Eurostat), la población alemana que se encuentra en situación de "riesgo de pobreza" alcanza al 16,1%, algo que llama la atención en un país tan rico. Ocurre que esa tasa no mide la pobreza, sino un ingreso bajo en comparación con el resto de los residentes en el país y que no necesariamente implica un bajo nivel de vida.
Si se aplicara a la Argentina el criterio para medir la situación de riesgo de pobreza usada en Alemania y en otros países europeos, se llegaría a la conclusión de que algo más del 35% de la población de nuestro país se ubicaría en esa escala. Pero pretender comparar a la Argentina con el resto del mundo más desarrollado en materia de pobreza resulta tan impracticable como cínico cuando el propio Indec ha dejado de medir este indicador social.
Debe insistirse una vez más en que la falta de estadísticas confiables, más que una falla, es una perversa estrategia del gobierno kirchnerista para fogonear un relato oficial sustentado cada vez más en la mentira, que parece ser la mejor forma de hacer política que conocen nuestros gobernantes.
Fuente: lanacion.com