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viernes, 12 de junio de 2015

Colecta de Cáritas: los nuevos rostros de la pobreza: Ahora apunta hacia la falta de vivienda, adicciones y violencia.

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Cuando ayer le preguntaron por la polémica suscitada alrededor de los números de la pobreza en la Argentina, el presidente de Cáritas y obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, optó por cambiar el eje del debate y plantear otra problemática más tangible que hoy preocupa a la Iglesia: el avance de los nuevos rostros de la pobreza, que demandan más que comida y vestimenta.

En esa lista, dijo, deben incluirse la falta de vivienda, las adicciones, la trata de personas, las nuevas formas de violencia -como la que se observa dentro de las familias- y la oferta y demanda del narcotráfico, considerando además la repercusión que tienen todas estas problemáticas en los jóvenes.
"Lo que produce la polémica por el número de pobres es escamotear el contacto con la realidad. El papa Francisco dice que la realidad es más importante que la idea. La idea se elabora y la realidad se impone", afirmó Ojea durante la presentación de la colecta anual de Cáritas, que se hará mañana y pasado mañana en parroquias y capillas de todo el país con la mira puesta en los viejos y los nuevos rostros de la pobreza.
Para poder hablar de nuevas pobrezas, monseñor Ojea hizo referencia a los avances en el país respecto de cuestiones más extremas como el hambre o la vestimenta. En ese sentido, destacó la importancia del papel de la Iglesia en este contexto de nuevos desafíos como el avance del narcotráfico, la trata y las distintas formas de violencia. "La cercanía de la Iglesia con estas realidades es importante para vincular a todos los actores sociales -dijo-. El foco de unión de todos estos actores debería ponerse en los jóvenes en riesgo."
El lema de la colecta de este año, "Todo lo que se comparte se multiplica", surge de los dichos del Papa durante una jornada con jóvenes en Brasil. El año pasado, la Colecta Anual recaudó más de 37 millones de pesos, un número que viene en aumento desde 2011, pero que al final de cuentas termina igualándose año tras año por la inflación, según dijeron desde Cáritas.
La recaudación de la última colecta traducida en cifras supuso la ayuda educativa a 43.000 destinatarios, la asistencia a 10.673 familias damnificadas durante las inundaciones, el complemento alimentario de 12.677 niños, y el acompañamiento a 2892 personas en situación de riesgo de adicciones.
Lo recaudado también se traduce en historias, en personas que recibieron el apoyo indicado para poder salir del pozo o, como dijo Eva Ferreira de ella misma, de más abajo del pozo. Habló así de esos días en los que andaba tan deprimida que no se animaba a salir durante el día de su casa por miedo o vergüenza a que la reconocieran. La presión que sentía era enorme: no le que daba otra que "hacer la calle" de noche para poder darles de comer a sus seis hijos.
La oportunidad de redireccionar su vida le llegó cuando desde el comedor La Virgencita, ese donde mandaba a sus chicos en su barrio de San Francisco, Córdoba, le exigieron que para poder llevarlos, los padres tenían que dar una mano ahí.
Fue. Y el miedo y la vergüenza que tenía de que ahí le dijeran algo por cómo se ganaba la vida, se esfumó en el momento en que le invitaron a ella también una copa de leche y le propusieron un trabajo: salir a buscar cartones para reciclarlos, algo que nadie hacía aún en el barrio.
"Me cambió totalmente. Ya no tengo que hacer esa vida ni tengo miedo. Hoy ando con la frente en alto. Yo quería que mis chicos tengan estudios. Y los seis están estudiando. No me importaba lo que hacía, sólo quería que ellos fueran gente de bien", cuenta Eva a LA NACION.
No sólo se armó un taller de reciclado en un espacio que le prestaron dentro de un galpón, donde tiene la máquina prensadora con la que hacen los fardos y el carro con el que salen a trabajar; también ella se puso a estudiar y terminó la primaria. Además, ahora se está preparando para empezar el secundario.
A Elva Peralta de Contrera, en cambio, la sacó adelante el mismo factor que la tuvo durante años deprimida, con ataques de pánico y que la llevó a pesar sólo 40 kilos: la celiaquía. "En esa época, antes de saber de la enfermedad, me acerqué a Cáritas para hacer una terapia, y fue ahí donde más me apoyé. Me volví voluntaria y empecé con un proyecto con una amiga celíaca, Elena Hidalgo de Aballay, para ayudar a las personas como nosotras", dijo.
Así empezaron los cursos y talleres para aprender a cocinar alimentos sin gluten, algo que ahí en Chimbas, localidad sanjuanina donde viven, resultaban muy caros y difíciles de conseguir. Ya hace dos años que preparan alimentos para vender, de los que casi no les queda ganancia. Además, les enseñan a otras personas de la comunidad a prepararlos, y arman bolsones para aquellos que no tienen pensión o ayuda social alguna.
Además de las nuevas pobrezas, Cáritas puntualizó como otro gran desafío actual la cantidad de emergencias producidas por el cambio climático que hubo que afrontar en el último año: inundaciones, incendios, sequías. Justamente el papa Francisco publicará una nueva encíclica sobre el medio ambiente y la ecología el próximo 18 de junio.
La coordinadora nacional del área de Emergencias de Cáritas, Sofía Terek, hizo hincapié que cuando ocurren estas emergencias los más perjudicados son siempre los más pobres. Citando el caso de las inundaciones en La Plata, donde la mayoría de la gente donó ropa cuando lo que se necesitaba más eran alimentos y artículos de limpieza, dijo que es importante comunicar bien qué es lo necesario en cada situación de emergencia. "Lo más importante del donante -dijo- es que done realmente lo que se necesita y no lo que piensa que se necesita. Se trata, además, de dar eso mismo que usaríamos nosotros."
El autor es presidente de Cáritas
Fuente: lanacion.com