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martes, 2 de octubre de 2012

La pobreza en el Norte, lejos de los datos del INDEC

Print Friendly and PDFPor Ernesto Azarkevich (Misiones), Jesús Rodríguez (Salta) y Julio Aiub Morales (La Rioja)


Según los últimos datos difundidos por el INDEC la semana pasada, en el Norte argentino ya casi no quedan indigentes. Provincias como Santiago del Estero, Jujuy, Salta, Chaco, La Rioja, Misiones y Corrientes registran índices de indigencia por debajo del 2%.
Aquí, testimonios de Misiones, Salta y La Rioja que reflejan otra realidad.
"Mi marido hace changas y saca $400 por mes"
En Posadas, Misiones, la pobreza se ve reflejada en el crecimiento de villas o asentamientos precarios. En uno de ellos, conocido como "Lapachito", Sonia Morel (30) vive con su esposo y tres hijos de catorce, ocho y tres años en una humilde casilla de madera y piso de tierra. El agua potable y la electricidad provienen de conexiones clandestinas.
Hasta el 2009 alquilaba con su familia una vivienda, pero la economía familiar no resistió los aumentos y junto a otras personas intrusaron el terreno donde se formó la villa. "Mi marido hace changas y saca unos 400 pesos por mes; y yo hago rosquitas que salgo a vender con mis vecinas para ayudar a la economía", cuenta la mujer.
Sonia jura que es difícil saber cuánto dinero ingresa por mes. "Depende de los trabajos que consiga él porque yo saco unos 20 o 30 pesos con la venta de las rosquitas", relata mientras amasa en una pequeña mesa.
Hace dos meses, junto a sus vecinos tuvo que salir a cortar una avenida para que el Ministerio de Desarrollo Social les envíe mercaderías para el comedor comunitario. "Ahora el barrio almuerza ahí los martes, jueves y viernes. El resto de la semana la gente se arregla por su cuenta", dice.
Sonia no cobra Asignación Universal por Hijo ni salario familiar. "Mi marido empezó a trabajar como tarefero (cosechero) de yerba mate en Oberá hace dos meses y le pidieron que abra una cuenta en el banco para poder cobrar, pero hasta ahora no recibimos nada", se resigna. Ahora la cosecha finalizó y la incertidumbre volvió a instalarse en la casilla de "Lapachito".
Sonia Morel amasa rosquitas en su precaria casa de "Lapachito".

"Que no me vengan los políticos con que podemos comer con 6 pesos"

Con el sol salteño sobre sus espaldas, Néstor Franco (65), limpia con kerosene las piezas del motor de su vieja motocicleta. Más allá, su nuera Silvia (38) lava la ropa sin desperdiciar el agua, que tiene que traer caminando en baldes desde unos doscientos metros, para lo cual debe cruzar caminando el viaducto del ramal c-14 (que utiliza el Tren a las Nubes), sobre un río cerca de Atocha, distante 9 kilómetros al oeste de la capital salteña.

Don Néstor y su hijo Orlando (43), viven de la chatarra que juntan por las calles, y que alguien una vez por semana se lleva hasta el lugar, y les paga una comisión por kilo. "Que no vengan a cagarse de risa los políticos de los pobres, diciendo -lo escuché en la radio, acota enojado don Néstor-, que podemos comer con $6 por día".
"Aquí, nosotros somos nueve personas que comemos al mediodía nada más, y cuando tenemos plata. Para parar la olla, necesitamos casi $100 pesos por día. Cuando no hay plata, tomamos mate cocido", confiesa Silvia.

Carlos (21), Nicolás (19) y Maximiliano (17), son los tres hijos mayores, de los cinco que tiene Silvia. Ellos, estudian el secundario en la ciudad. Para costearse los estudios y el pasaje del colectivo, cartonean los fines de semana. Zaira (15), ya es madre niña. Y a Gabriela (11), Silvia todas las mañanas la lleva en bicicleta a la escuela en Vila Primavera, que está a dos kilómetros de distancia: "Mis hijos tienen que estudiar, para salir de la pobreza", augura Silvia.

"O comemos o pagamos las zapatillas"

También en Salta, en el barrio Vialidad, vive Walter Roldán junto a su pareja y su pequeña hija de 3 años. De lejos, la familia camina despacio, con la cabeza gacha, como buscando una solución a algún problema: "No tengo trabajo desde hace tres meses", cuenta Walter, un joven lavacoches de 24 años.
¿"De qué vivimos? Yo trabajo de doméstica medio día tres veces a la semana, y me pagan $180. Con ese dinero vivimos ajustados los siete días de la semana. Algo nos alivia los $200 que recibimos por asignación familiar una vez al mes. Pero no nos alcanza", dice Marcela Melania Vélez, de 21 años, que aunque todavía no se le note la pancita, está embarazada de tres meses.

Walter y Marcela, viven con su pequeña Sara (3) en la casa de los padres del muchacho ya hace cuatro años, en el barrio Vialidad. "¿Casarnos? No por el momento. Algún día tenemos que salir de esta situación. Si vas a pedir una casa al Instituto de la Vivienda, te piden mil cosas, para no darte un techo", dice Marcela.
"¿Qué nos compramos últimamente? Hace seis meses, zapatillas para los tres, a crédito. Todavía estamos pagando la cuenta. Hay meses que no nos alcanza. O comemos, o pagamos las zapatillas", concluye Walter.

"La asignación apenas alcanza para el gasto de la escuela"

Zulma Carolina Romero, tiene 29 años y dos niños. Su vecina, Cinthia Verónica Avila, tiene 23 y tres nenas. Son parte de unas 20 familias que viven prácticamente en el lecho y a orillas del río La Rodadera, detrás del barrio Yacampis, en La Rioja, colgados de la luz y del agua.
No saben nada del índice de indigencia del INDEC, sólo saben que si sus respectivas parejas no consiguen alguna changa, no comen. Ambas como único ingreso seguro tienen la asignación universal, "pero ahora apenas alcanza para el gasto de la escuela".
Zulma, que aprovecha el calor de la siesta para bañarse, reconoce que un alma caritativa le regala 7 kilos de harina por semana, con la que hace pan. "Pero ese día no puedo mandar los chicos a la escuela, porque tenemos que ir a buscar la harina".
El gobierno auxilió a muchos vecinos en iguales condiciones, levantándoles una vivienda humilde, pero de material "pero nosotros perdimos el beneficio por estar de este lado del río".
Río que ahora está seco, pero que "lo esperamos (que crezca) para la chaya (en febrero)". Así mientras muchos se enharinan y embriagan, en el río La Rodadera, detrás del Yacampis, buscan salvar las pocas cosas que tienen.

Fuente: clarin.com