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miércoles, 31 de agosto de 2011

¿Qué hacemos con la pobreza?

Print Friendly and PDFPor Guillermo Badino*

 En términos coloquiales, el autor de esta nota nos ofrece un análisis sobre la cruda realidad de la pobreza y el pensamiento desde el cual es posible librar el combate contra ella.


Creo que usted coincidirá conmigo, paciente lector, que es una pregunta que genera diversas respuestas, dependiendo las mismas de ideologías, mapas mentales, experiencias, situación geográfica, etc., dado que así como la riqueza, la pobreza no tiene una distribución equitativa.


Regiones del África( la llaga doliente de Somalia), del Asia y muchos lugares de América Latina son más castigados que otros lugares del planeta. Además ¿es lo mismo un pobre de Kenia que un pobre de Santiago del Estero, en términos de carencias?

Ante esta aseveración usted que es muy inteligente, preguntará de inmediato: Perdón ¿de qué carencias hablamos? ¿Salud, comida, afectos, dignidad, consideración social, inclusión, educación?

Como vemos, amigo mío, echada a rodar la pelota, las variables son muy numerosas.

¿Qué tenemos que hacer?

Hay océanos de tinta usados en explicar qué hacer pero mire, para mí lo primero es reconocer el problema e intentar luego algunos cursos de acción para tratar de hacerla desaparecer.

Sí, ya sé lo que me va a decir: Esto no es fácil. Sin duda, sin duda, estoy de acuerdo.

Pero, ¿cuándo vamos a aceptar el desafío de enfrentarla?

Pensemos en los chicos, sobre todo. Porque el adulto al menos puede hacer algo para sobrevivir (los de "abajo" son muy hábiles para esto). ¿Pero el niño?

Quizás deberíamos pensar, por un lado, en erradicar la desnutrición infantil totalmente mediante la acción pública y privada. No olvidemos la educación pero recordemos que "chico con hambre aprende poco". Paralelamente, atacar de lleno esta verdadera deshonra para la humanidad, la pobreza.

¿Quién hará algo al respecto?

De los gobiernos esperamos poco. Apenas unas medidas asistencialistas, muchas de ellas conectadas estrechamente con el clientelismo político y la burocracia de los que trabajan para los que son pobres (se quedarían sin trabajo si la pobreza desapareciera).

Demuestran una ineptitud marcada en el gerenciamiento social, como sostiene la especialista argentina Heloísa Primavera (en Gerencia Social y Epistemología. Granica, 2008), quien asevera: "Hay programas/organizaciones que no logran hacer que el 10% de los recursos asignados llegue a destino. Esta ineficiencia redunda precisamente en más desnutrición, analfabetismo, desempleo, violencia; en consecuencia, exclusión social".

Declamaciones, muchas. Políticas de Estado, cero.

Los empresarios y académicos ¿qué aportan al respecto?

Los primeros poco y sin arriesgar demasiado. Apenas tibias expresiones de la marquetinera (¿existe esta palabrita?) "Responsabilidad Social Empresaria", concepto que hace reunir cada tanto a bien intencionadas (algunas) personas a comer para pensar en los que no tienen qué comer.

Del mundo académico surgen voces diversas que advierten y sugieren.

Prahalad, Hale y, en la Argentina, Miguel Gardetti, dicen que hace falta un cambio de mentalidad en los que dirigen las organizaciones con y sin fines de lucro (empresas y ONG) y administran la cosa pública para entender el problema .

Esto permitiría hacer algo no "para" sino "con" los que menos tienen (la base de la pirámide) aprovechando su cultura, iniciativa y creatividad, "enseñarles a pescar" (o a pescar juntos) y no "regalarles el pescado".

El economista Muhammad Yunus (Creando un mundo sin pobreza. Negocios sociales y el futuro del capitalismo. Ed. Public Affaires. 2008) cree que el crédito es un derecho fundamental, abogando por la "empresa social" y coincidiendo con el peruano Hernando de Soto quien sostiene que los títulos de propiedad mejoran la calidad de vida (porque permiten el acceso al crédito).

Este pensamiento concuerda con la hipótesis, aunque enfocada desde la perspectiva sociológica, que siempre hemos desarrollado en clases y seminarios: Tener algo mío (fundamentalmente la casa) hace que me sienta más digno, menos excluido.

Comerán salteado pero, para dormir, mis hijos tienen un techo?

Si usted, lector amigo, escucha decir que la fortuna de las 200 personas más ricas del mundo es superior a la suma de los ingresos anuales de 2.500 millones de las personas más pobres... O que prácticamente la mitad de la población mundial vive con menos de 2 dólares al día mientras que el estadounidense promedio tiene 130 diarios. Sin duda le encontrará cierto tufillo izquierdista a las aseveraciones citadas.

Pero, perdón, está equivocado

Provienen de un grupo de estudiosos dirigidos por uno de los gurúes mas respetados del pensamiento gerencial de Occidente: Tom Peters y plasmadas en el libro "La Revolución Necesaria. Cómo Individuos y Organizaciones trabajan juntos para crear un mundo sustentable" (Ed. Doubleday. 2008).

En este sentido es dable destacar, asimismo, las ideas del humanismo económico que, desde el cordobés CIEC, el economista Luis Eugenio Di Marco desparrama a lo largo y ancho de América Latina, proclamando la necesidad de una economía solidaria, centrada en el hombre, con el dinero subordinado a la ética.

Conclusión

¿Qué hacer con la pobreza?

Hay muchas respuestas a esta cuestión que vienen desde todos los puntos cardinales.

¿Cómo hacer para que desaparezca?

También tenemos ideas por doquier sobre esto.

El problema es quién o más bien quiénes tomarán esta quemante antorcha y la transformarán en parte de la visión y misión de una empresa, o en la prioridad número uno para la acción de gobierno, o la considerarán tema imprescindible para una política de Estado o tema fundamental para una tesis de maestría o la base para un instituto de investigación.

Aquí coincidimos plenamente mi estimado (y muy paciente) lector: Usted no los conoce.

Yo tampoco.

*  Magister y Consultor. Profesor de posgrado en la UNCuyo, la UM y director del MBA de la UTN Mendoza.
 
Fuente: losandes.com.ar