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jueves, 30 de junio de 2011

EN DEFENSA DEL COOPERATIVISMO Y DEL PAÍS

Print Friendly and PDF“Las empresas cooperativas construyen un mundo mejor”, expresa el lema establecido por la Alianza Cooperativa Internacional y las Naciones Unidas, para celebrar durante 2012 el Año Internacional de las Cooperativas.
En efecto, la contribución del cooperativismo para brindar soluciones eficaces a las múltiples necesidades de los asociados y la comunidad, es un hecho indiscutible en todo el mundo. Por algo, desde los modestos orígenes de esta forma de organización social hasta el presente, las cooperativas se han multiplicado en cantidad y crecido en la dimensión y calidad de sus prestaciones, congregando actualmente a cerca de mil millones de personas que han elegido el camino de la ayuda mutua y el esfuerzo propio.
Así, desde las pequeñas empresas asociativas integradas por seis miembros -como es el caso de numerosas cooperativas de trabajo en nuestro país-, hasta las entidades de mayor envergadura, cuyo padrón societario asciende a cifras millonarias, hay un denominador común que define su naturaleza: la solidaridad para hacer.
Los datos cuantitativos acerca del volumen de operaciones, los balances económicos y financieros al igual que la gravitación en el producto bruto interno de los países donde está presente el movimiento cooperativo, ilustran la realidad actual y el enorme potencial del cooperativismo. En particular, cabe destacar el aporte para generar puestos de trabajo decente y contribuir al ejercicio efectivo de un amplio conjunto de derechos económicos, sociales y culturales como son el acceso a la vivienda, la salud y la educación, entre otros.
Pero más allá de estos indicadores, insoslayables a la hora de hacer un inventario de realizaciones, hay un dato esencial cuya importancia es mayúscula en el escenario del mundo contemporáneo. La cooperación conjuga en su doble carácter la empresa solidaria y el movimiento social. Tiene principios y valores éticos y morales. Promueve la paz, respeta la diversidad y ejerce la democracia. En otras palabras, el cooperativismo es la contracara del capitalismo. Y es oportuno tenerlo presente en un contexto internacional donde persisten las guerras de rapiña por la dominación de territorios y recursos energéticos no renovables. De igual modo, el ideario cooperativo debe estimular el pensamiento crítico frente a la persistencia de modelos perversos que despliegan burbujas especulativas, estimulan la valorización financiera por sobre las actividades productivas y generan crisis agudas como las que sacuden a un número creciente de naciones en el continente europeo.
Nuestro país ha sido víctima de las recetas neoliberales, con su secuela de miseria, desocupación masiva y caída vertiginosa de todos los indicadores referidos a la calidad de vida de la población.
Si la República Argentina ha podido iniciar el camino de la recuperación ha sido, entre otras razones, por la existencia de un Estado presente y activo, por la aplicación de políticas públicas de inclusión social, de estímulo a la producción y el consumo, como así también por el fomento a la economía solidaria.
Esta articulación virtuosa entre la acción estatal y la gestión cooperativa, preservando la independencia y autonomía de nuestro movimiento, ha sido uno de los factores que posibilitaron transitar esas difíciles circunstancias con resultados satisfactorios.
La experiencia acumulada en los últimos años confirma lo que el IMFC ha señalado con acierto en el transcurso de su existencia: hay otra forma de organizar la economía, al servicio de los intereses del pueblo y la Nación.
Este año, la conmemoración del Día Internacional de las Cooperativas se celebra en nuestro país dentro de un contexto histórico excepcional: por una parte, concuerda con la puesta en marcha del Congreso Argentino de las Cooperativas 2012 y, al mismo tiempo, tiene lugar en el marco de un proceso electoral cuyos resultados marcarán el futuro político, económico y cultural de la Argentina. Se trata de un momento clave en el cual podremos avanzar hacia las transformaciones pendientes, o retroceder hacia las prácticas perniciosas de las décadas pasadas, con sus consecuencias nefastas para la mayoría de la población.
Como ciudadanos y cooperativistas sostenemos el compromiso de trabajar por los mismos ideales que acuñó el Instituto Movilizador, a lo largo de más de medio siglo de trayectoria consecuente. Y tal como lo expresa la Propuesta Cooperativa, seguiremos aportando nuestros mejores esfuerzos para contribuir a la construcción de una Argentina con más democracia y equidad distributiva.

Consejo de Administración del IMFC

Fuente: centrocultural.coop