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lunes, 9 de mayo de 2011

(Salta) “Las donaciones les duran no más de una semana”


En la Misión San Luis, 580 kilómetros al noreste de la capital salteña, la noticia de que llegaron donaciones desde Buenos Aires corre como el cauce turbio del río Pilcomayo, entre las 90 familias que aquí viven de la caza y de la pesca.
La movida que impulsó Alicia Kratzer, junto a la Fundación Crecer Tartagal, que preside Emilio Ovando, tuvo como epicentro el drama del hambre en el norte, donde 12 niños aborígenes murieron en 2011. “Cuando leí en Clarín lo que ocurría en Tartagal, hable con Emilio, y pusimos manos a la obra”, dice Alicia que llegó a Tartagal con 15 toneladas de mercaderías no perecederas y una tonelada de ropas y calzados.

Alicia y Elba suben a la caja de un viejo Ford 350 para iniciar la repartija. A sus espaldas, los brazos de las mujeres wichi se estiran implorando por la ayuda. “Las bolsas contienen azúcar, harina, fideos, arroz, aceite, yerba, leche y galletas saladas”, dice Alicia. “Las donaciones van a alcanzar para dos mil aborígenes. Les va a durar no más de una semana, y después volverán a su realidad” pronostica Emilio Ovando.
En San Luis, el promedio de hijos por familia es de 8: “Yo tengo 12”, ironiza el secretario de la comunidad, Celedon Torres. Lázaro Castellanos (35) perdió un hijo el 14 de abril del 2010. Certificado de defunción en mano, documenta que José Rodrigo murió al año de vida por “Desnutrición grave-Marasmo”. “Yo no tenía trabajo y sólo comíamos sopa de pesca’o y mate cocido, cuando teníamos yerba. Al pesca’o , lo saco del río. Mi chiquito estaba muy enfermo. Lo llevo al Hospital de Victoria, y de ahí lo llevan a Salta en el avión sanitario. Pero murió porque estaba grave”, dice el papá sin consuelo.
“Aquí en San Luis, hace un año y medio que nadie llega con donaciones. Vivimos con lo que alcanza con los planes sociales, pero el kilo de azúcar cuesta de $ 7 a $ 7,50. No hablemos de comer carne de vaca”, lo afirma Andrés Amayo (47), uno de los dos caciques del lugar.
Es hora de repartir la ropa. Amayo lleva varios bolsos y habla con más de 20 mujeres. Al dejar los bolsos en el suelo, ellas se abalanzan y en menos de un minuto, se resolvió la repartija.
Fuente: clarin.com