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lunes, 18 de abril de 2011

Los destinos de Haití, en manos de un cantante

Imprimirpor Emilio J. Cárdenas (*)

Las cifras finales confirmaron todos los pronósticos. Categóricamente. El cantante Michel Martelly, de 50 años, un total novato en materia política -más conocido como "Sweet Mickey", pero también llamado por sus seguidores: "Tet kalé" ("cabeza afeitada", en creol)- derrotó ampliamente...
 a su rival, la intelectual y ex primera dama haitiana Mirlande Manigat, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de su país, obteniendo una cómodo mayoría: el 67,5% de los sufragios. Tan es así, que su rival, reconociendo con hidalguía su derrota, ha renunciado públicamente a toda apelación o posible revisión de los resultados.
Como consecuencia, el rey de la "kompa" -una música popular en Haití, que conjuga ritmos africanos y cariibeños- jurará como Presidente ("Pweszidan", en creol) el próximo 14 de mayo, reemplazando así -ordenadamente- al presidente René Préval, que gobierna el país desde el 2006.
La absoluta falta de experiencia pública de Martelly obliga a pensar en cuales pueden ser sus posibilidades de éxito, en el timón del país más pobre de América. Casi un Estado fallido. Particularmente, cuando a la pobreza estructural se ha sumado la devastación provocada por el terremoto de enero del 2010 en el que perecieran 220.000 personas, como consecuencia del cual casi un millón de almas sigue viviendo en campamentos precarios, con toda suerte de limitaciones. A su disposición tendrá unos 11.000 millones de dólares ya comprometidos por la comunidad internacional para finanaciar este esfuerzo. Martelly ha anunciado ya que la construcción de nuevas viviendas tendrá la prioridad total.
Para gobernar deberá, naturalmente, conformar un equipo de gobierno desde el cero para, con él, conducir a una burocracia que es no sólo ineficiente, sino que está acostumbrada a convivir con la cleptocracia, en medio de una ola de corrupción endémica, enquistada en todos los rincones de la sociedad.
No será, para nada, una tarea fácil. No obstante, no tendrá demasiada competencia por parte de un sistema político fracasado, dos de cuyos máximos exponentes: Jean Bertrand Arisitide (después de siete años de exilio) y Jean-Claude Duvalier (que dejó atrás un divorcio sonado y 25 años de exilio) están de regreso en su tierra, aunque -por el momento- sin haber generado remezones, ni inconvenientes.
Lo cierto es que Martelly ha conducido, por meses, una fundación que hasta ahora parece haber tendio algún éxito en la tarea de proveer asistencia a las víctimas directas del terremoto. Por lo demás, en lo estrictamente privado, Martelly, es público y notorio, ha sufrido algunos sacudones patrimoniales, que fueran consecuencia de la crisis financiera del 2008 y de su "burbuja" inmobiliaria. Pero también es verdad que parece haber sabido estructurar un negocio musical internacional relativamente exitoso.
Martelly ha resultado particularmente atractivo para los jóvenes, que lo votaron preferentemente. Hablamos de aquellos que quieren salir de una inercia que los tiene sin futuro, desencantados. De aquellos capaces de leer y escribir, que seguramente están dispuestos a apostar a crecer y a crear oportunidades que hoy simplemente no están a la vista. A participar activamente en la tarea impostergable de la reconstrucción de su país. A apostar, en alguna medida, a favor del futuro. Porque todos, de un modo u otro, seguramente sienten una bien lógica desesperación por tratar de cambiar un estado de cosas desafortunado y por progresar lo más rápidamente posible.
Hasta ahora, Martelly se ha conducido como si fuere un populista, más bien de derecha. Uno dispuesto a apostar al capital privado, convencido que el socialismo no es una alternativa válida. Lo que seguramente confirma con simplemente mirar a Cuba y encontrarse con la dramática postergación de su pueblo, estancado en el atraso, en términos relativos.
Martelly no sólo sabe como funciona el mundo, sino que ha vivido en sus entrañas, conoce sus riesgos y está dispuesto a afrontarlos con la fe de quien tiene conciencia de sus fuerzas y fe en sus posibilidades.
Haití necesita mejorar. A todos nos corresponde poner el hombro para que ello suceda y se sostenga. Con la generosidad y comprensión del caso.
Si Martelly y quienes lo sigan consiguen poner en marcha el esfuerzo que Haití necesita, seguramente la ayuda y la asistencia exterior llegarán y generarán pronto una mejor infraestructura , sistemas educativos y sanitarios hoy ausentes; y paso a paso, oportunidades para todos.
Honestidad, transparencia y esfuerzo serán, seguramente, los prerrequisitos sobre los cuales emprender una marcha hacia adelante que ha sido ya demasiado postergada.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

Fuente: lanacion.com.ar