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miércoles, 2 de febrero de 2011

De sociedad a comunidad: la teoría de la transición

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por Teódulo López Meléndez


Las palabras no existen por casualidad y muchos menos los sentidos que envuelven.
A veces no tenemos conciencia que el lenguaje es simple expresión exterior de previos procesos cognitivos y damos por establecido que –dado los conceptos vigentes- algo ha existido siempre.


Escuchamos, por ejemplo, hablar de “sociedad” con toda naturalidad, sin darnos cuenta que este concepto llegó tarde al mundo occidental. “Sociedad” es un producto de la edad de la razón, de la necesidad de un fundamento laico para el análisis de las instituciones políticas, de manera que algunos pensadores se plantearon la necesidad de separar sociedad y Estado. En este proceso andan entremezclados ilustres nombres, como el de Locke, que comenzaron a distinguir entre la ley de la naturaleza y ese contrato social que había dado origen al Estado y, por supuesto, por allí se coló también la necesidad de separación entre Iglesia y Estado.

Pero como el pensamiento no se detiene, contrariamente a lo que piensan muchos que consideran algunos conceptos como montañas rocosas inmodificables, pronto comenzaron a aparecer dudas de este concepto de sociedad. El argumento era que había sido establecido sobre el concepto de razón. En el período posterior a la revolución francesa la sociedad pasó a ser considerada como un todo orgánico. Es lo que en la historia de las ideas se llama la “concepción organicista”, una que introduce la tradición cultural como parte clave de la sociedad. Otro ilustre, Augusto Comte, fue el que la definió al asegurar que una sociedad presume un sistema de opiniones comunes sobre la naturaleza y el hombre. Esta concepción de orden institucional está también en el origen de lo que llamamos “idealismo”.

Veamos: había un orden de la sociedad basado en la religión, llegaron los filósofos de la ilustración y al acabar con él sembraron la anarquía en el mundo de manera que tuvo que aparecer Comte a poner su grano de conservadurismo organicista para salvar a la pobre raza humana. Pero más atrás apareció Marx con su concepción económica de la sociedad dado que afirmó que ella no era más que las relaciones entre los grupos sociales, esto es, la sociedad no es otra cosa que las relaciones económicas entre los hombres. El hombre, al cooperar con otro para satisfacer sus necesidades, establece relaciones de producción. De allí Marx comienza a hablar de superestructuras y subestructuras.

Vinieron después los denominados defensores de la “teoría del conflicto” (aunque el marxismo se puede inscribir también aquí) que dice que los hombres deben competir por el acceso a los recursos de la vida y que la sociedad es un dispositivo de organización para poner en relación a esta población de organismos. En el siglo XIX la teoría evolutiva se puso a elaborar secuencias de desarrollo para los ámbitos institucionales de la sociedad. Era por supuesto, el inicio de la revolución industrial. Luego Durkheim, con su criterio de que la sociedad no puede ser considerada una mera suma de las voluntades de los individuos sino que es una entidad. Apareció la psicología-social y con ellas ideas como interacción, símbolos, persona social. Y siguieron: la sociedad en proceso, las unidades de relaciones sociales.

Y apareció en el escenario la palabra “comunidad”. Y por supuesto un proceso evolutivo de la palabra-concepto parecido al narrado. Es una base local para las unidades de sociedad, son aspectos de la sociedad tales como los relativos a solidaridad (concepto comunal) y otros más.

El concepto de comunidad ha invadido muchas de las presentes discusiones sobre la organización política. Se sostiene, por ejemplo, que comunidad viene de tener algo en común. Y una definición que tenía anotada en alguna vieja libreta y cuya fuente no anexé y que me gusta en especial: “Las comunidades son una forma de solicitud”. Lo cierto es que indago y la palabra comunidad está ya en los textos de Aristóteles, pero de tan rancio abolengo paso a los conceptos que está manejando el gobierno de James Cameron en Gran Bretaña, un gobierno Tory como se sabe. Allí se habla de empoderamiento de la comunidad como un paso de la acción del Estado a la acción social. Al parecer Cameron rompe con Margaret Thatcher y se lanza a buscar la energía de los ciudadanos de las comunidades. Se asoma otro concepto que invade por todas partes, el de transición. En el caso que nos referimos se dice de una “iniciativa comunitaria de transición”. Y una nueva expresión, “transición de ciudades”. Todo parece indicar que el pensamiento traducido al lenguaje no se detiene y menos las acciones correspondientes. Un tory como Cameron no gusta mucho del Estado, sólo que este interesante conservador lo maneja desde ángulos muy diferentes: hacer retroceder al Estado para permitir a este concepto comunitario de sociedad avanzar rápido a posesionarse. ¿Cómo lograrlo? Reforma de planificación de barrios, formación de una nueva generación de organizadores comunitarios, cooperativas, empresas sociales y el marco constituido por la idea de que el encogimiento del Estado debe conducir no a la atrofia de la comunidad sino a su desarrollo. Descentralización de responsabilidades, poder a los individuos, a las comunidades y a las instituciones cívicas. Veamos en contexto latinoamericano:”A mí el gobierno no me ha dado nada”. Veámoslo en contexto inglés: “Todos necesitan al gobierno… pero la acción es a través de la familia, la comunidad y la empresa social”. Quizás mis citas de Cameron y de lo que se ventila por Londres sea buscando no se vea comunismo hasta en la sopa. Está bien, sé de los problemas económicos internos y de la necesidad de los recortes de gastos masivos, pero lo interesante está en las soluciones que se buscan, unas de avanzada, qué duda cabe. Los recortes van a producir duros efectos sobre los más pobres, se sabe, pero lo interesante es ver como una crisis económica conlleva a la búsqueda de lo común, de la comunidad. De manera que ante la emergencia se apela a la democracia participativa, al fomento y al encuentro de las propiedades emergentes de los ciudadanos. Para ello: construcción de la inclusión social, fortalecimiento de la capacidad, construcción de la organización, construcción de la información y comunicación, construcción de recursos, construcción de la estrategia.

Comunitario, comunitarismo, palabras que suenan ahora como soluciones. Quizás en esta frontera aún indefinida entre sociedad y comunidad –obviando ahora la evolución de ambos términos- es que se está asociando sociedad a suma de fraccionamiento en individuos y a comunidad con solidaridad y acción compartida. Pero como la tecnología hace de las suyas –es interesante ver como nada se detiene- ahora se introducen conceptos como comunidades personales, inteligencia colectiva y redes sociales. Es decir, se dice de la transmutación de comunidad en red social. Hay analistas de redes sociales (Wellman y Berkowitz), asuntos como emergentes de inteligencia (Steven Johnson) y colectivos inteligentes (Howard Rheingold), “Cerebro global” (Heylighen), “la sociedad de la mente” (Marvin Minsk), “inteligencia colectiva” (Derrick de Kerckhove, 1997), “intelligent networks” (Albert Barábasi, 2002), and “collective intelligence” (Pierre Lévy, 2002)Kerckhove), “las redes inteligentes” (Albert Barabasi), y la “inteligencia colectiva” (Pierre Lévy). Esto se torna interesante. Parece que las viejas concepciones ideológicas no nos sirven. Da la impresión de que estamos en el siglo XXI.

No hay duda que los conceptos cambian, incluido el de comunidad. Y mirando a Zygmunt Baumann (De la comunidad: la búsqueda de la seguridad en un mundo inseguro) diera la impresión que también ha cambiado el concepto de libertad. Es así, porque fuera de especulaciones teóricas comunidad implica la fraternidad, esto es, compartir las ventajas entre los miembros de la comunidad, los egoístas nada tienen que obtener de ella y en consecuencia tendrían que pagar un precio por su inserción.

Otros citan las imágenes de lo que somos hoy, con colas, empujones, las calles llenas, mientras otros estamos en soledad frente a nuestra computadora. Sabemos muy bien como son nuestras ciudades y el individualismo feroz de nuestra época lo hemos analizado en varios libros. Es precisamente por ello que se produce la reaparición de comunidad-solidaridad y la tecnología ha puesto el tema de las redes sociales. Y de nuevo sobre la mesa el tema del capital social. ¿Y porqué utilizar la palabra “capital”? Porque el crecimiento económico no está ya determinado sólo por los recursos naturales, infraestructura y bienes de consumo y capital financiero, sino por la forma como interactúan y se organizan los actores. Esto es, que información, comunicación, ideas y apoyo tenemos a nuestra disposición. Pareciera que los viejos trazados económicos cambian y quienes hablamos de economía solidaria nos estamos sustentando sobre un presente claro. No discutamos si el hombre es egoísta o no, lo que debemos mirar es que las posibilidades de ser egoístas puede que se estén terminando. En resumen, pareciera que sociedad es una serie de limitaciones a los egoísmos y comunidad un sistema positivo inventando. Quizás deberíamos hablar de inducción de comportamientos solidarios.

Pareciera que puede generarse una inteligencia colectiva y ello pasa por una transición a un modelo de auto-organización dirigido por la comunidad, para que la gente actúe colectivamente. Ello también en el aspecto económico, por lo que se habla ya de una “economía sostenible de colaboración”. Lo es obvio en el campo político, pues se genera un nuevo modelo de democracia. Ya los hemos dicho. La hemos llamado democracia del siglo XXI.

Fuente: pysnnoticias.com

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